Llega el buen tiempo y Zaragoza es el lugar perfecto para disfrutar de una terraza sobre todo en primavera y en las noches de verano. Cuando el cierzo da tregua y el termómetro sube, la ciudad entera sale a la calle y llena sus terrazas desde el mediodía hasta bien entrada la madrugada. Desde azoteas con el Pilar iluminado de fondo hasta patios escondidos en el corazón de El Tubo, pasando por chiringuitos junto al Canal Imperial o rincones frente al Ebro, Zaragoza tiene terraza para cada plan y para cada momento del día. Esta es la guía más completa de las mejores terrazas de Zaragoza para que no te quedes sin saber dónde ir.
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Las azoteas con mejores vistas de Zaragoza
Hay algo irresistible en tomar una copa con la ciudad a los pies. Zaragoza, ofrece varios rooftops donde disfrutar de las mejores vistas.
Rooftop Lateral — Hotel Meliá Innside (Avenida César Augusto, 13)
La planta 11 del Hotel Meliá Innside alberga una de las terrazas más solicitadas de la ciudad. Desde ahí arriba se tiene una panorámica completa del skyline zaragozano, con las cuatro torres del Pilar dominando el horizonte. La carta apuesta por pinchos y tapas elaboradas —el solomillo con brie fundido o el rollito lateral con salmón ahumado son dos de sus señas de identidad— junto a tartares y propuestas más contundentes para quien quiera cenar. La coctelería muy original con los gin-tonics como estrellas. Está acondicionada tanto para el verano como para el invierno, pero es en los atardeceres de julio cuando alcanza su mejor versión. Reserva recomendable los fines de semana.
Lounge Van Gogh — Aparthotel Los Girasoles (Avenida César Augusto, 27)
A escasos metros del Lateral pero con un ambiente algo más íntimo y elegante, el Lounge Van Gogh ocupa la planta 8 del Aparthotel Los Girasoles. Las vistas al Pilar desde aquí son posiblemente las más limpias y cercanas de toda la ciudad. La propuesta gastronómica es más ambiciosa que la de un simple rooftop: tienen dos menús degustación —uno corto de seis propuestas y otro largo de nueve—, un menú pica-pica para grupos y una carta de cocina de autor con ingredientes muy cuidados. Para quienes solo quieran tomar algo, la coctelería es excelente y los gin-tonics son casi una institución. De día o de noche, es una de esas terrazas que convencen.
Terraza del Acuario (Avenida José Atarés, s/n)
En la última planta del Acuario de Zaragoza, aquel edificio singular inaugurado durante la Expo de 2008, hay una terraza que pocos conocen y que merece mucho más reconocimiento del que tiene. Estanques en la propia terraza, vistas directas al Ebro y a los puentes de la zona de la Expo, zona lounge con sofás y pérgolas de madera. El restaurante ofrece menú de lunes a viernes y propuesta de fin de semana con productos locales y de temporada como protagonistas. Es perfecta para cerrar una tarde en el Parque del Agua o en el propio acuario.
Junto al Ebro: la ribera en verano
La Ribera del Ebro es el eje natural del terraceo zaragozano cuando llega el buen tiempo. Hay kilómetros de paseo a ambos lados del río y en ellos se concentran algunas de las terrazas más queridas de la ciudad.
Le Pastis (Paseo de la Ribera, junto al Puente de Hierro)
Quizás la terraza más romántica de toda Zaragoza. Le Pastis está inspirada en las antiguas guinguettes de las orillas del Sena y en los cabarets de los suburbios parisinos, y esa identidad se nota en todo: en las guirnaldas de luz que cuelgan entre los árboles, en los detalles de la decoración vintage y en la música en vivo que programan en verano. Con el Puente de Hierro, la Seo y el Pilar de fondo al atardecer, hay pocas escenas más bonitas que esta en toda la ciudad. La carta incluye platos para compartir, buena coctelería y una selección de vinos que acompañan bien a la propuesta. Es de esas terrazas que hacen que los planes se alarguen sin querer.
Matisse Ribera (Paseo de la Ribera, 7)
Justo enfrente de la Basílica del Pilar pero desde el otro lado del río, Matisse Ribera ofrece una de las perspectivas más limpias del monumento que se pueden tener desde una terraza. La propuesta es más tranquila: desayunos, brunch, tostadas elaboradas, raciones caseras y una carta de cócteles y postres caseros que funcionan especialmente bien en las tardes largas de verano. Sin pretensiones de ser la más llamativa, es una terraza que quienes la descubren repiten con frecuencia.
Terrazas del Náutico (Paseo Echegaray y Caballero, 101)
Tres terrazas en una misma ubicación, prácticamente a la orilla del Ebro y a menos de cinco minutos caminando desde la Plaza del Pilar. Las Terrazas del Náutico son una opción muy versátil: cócteles, música, hamburguesas y picoteo variado en un ambiente animado que funciona especialmente bien en el tardeo del fin de semana. También se pueden contratar para eventos privados en primavera y verano, lo que las convierte en una referencia para celebraciones al aire libre en el centro de la ciudad.
Molino de San Lázaro (Paseo de la Ribera, 22)
A cinco minutos de la Plaza del Pilar pero con un ambiente completamente diferente al del centro, el Molino de San Lázaro ocupa un antiguo molino del siglo XVIII rehabilitado con mucho criterio. Sus vistas combinan la Zaragoza monumental con un entorno natural junto al Ebro que resulta sorprendente a tan poca distancia del casco histórico. El restaurante ofrece carta de temporada con especialidades del chef y menús a precio cerrado. Perfecta para una comida tranquila o para celebrar algo especial.
El Bosque de Bruba (Calle de la Sierra de Vicor, s/n)
En el barrio de La Almozara, junto al CD Ebro, el Bosque de Bruba es uno de esos tesoros de barrio que los zaragozanos del centro tardan en descubrir pero de los que se hacen incondicionales. Terraza arbolada directamente en la ribera del Ebro, ambiente fabuloso tanto de día como de noche y una carta amplia que va desde los desayunos hasta los arroces y los cócteles, pasando por pollos asados y bocadillos. La sensación de desconexión que ofrece, estando dentro de la ciudad, es difícil de encontrar en otros sitios.
Patios y terrazas ocultas: el encanto del centro histórico
Zaragoza guarda algunos de sus mejores rincones al aire libre escondidos en el corazón del casco antiguo. Hay que saber dónde mirar.
El Patio del Plata (Calle Estébanes, acceso por detrás del cabaret El Plata)
El Plata Cabaret abrió sus puertas en 1920 como una lujosa sala de espectáculos con casino y restaurante. Cerró en 1992 y reabrió en 2008 conservando toda su decoración original. En las afueras de ese espacio histórico hay un patio amplio que en verano se convierte en una de las terrazas más animadas y queridas del centro. Buena carta de tapas y raciones para compartir —tostadas, ensaladilla, patatas bravas, tequeños, huevos rotos—, cócteles a buen precio y un ambiente que mezcla la tradición del local con el público más joven de la ciudad. Si la noche se alarga, siempre se puede acabar en la discoteca del propio Plata.
La Terraza (Calle San Antonio María Claret, 20)
Otro de esos descubrimientos que no se olvidan. Desde la calle lo que se ve es un bar de toda la vida, sin ningún atractivo exterior evidente. Pero al entrar sucede algo: al fondo aparece una terraza interior que lleva años siendo el secreto mejor guardado de quienes viven cerca. Ambiente detenido en el tiempo, mesas eclécticas, sombra en los momentos de más calor y una tranquilidad que en verano vale su peso en oro.
Bodegas Almau (Calle de los Estébanes, 10)
Un clásico del Tubo que tiene más historia que muchos museos de la ciudad. Las Bodegas Almau son consideradas por muchos zaragozanos y visitantes una joya del casco antiguo, con un interior lleno de historia y una terraza exterior en la calle Estébanes que complementa la experiencia. Especialistas en vino y con una carta de tapas donde las anchoas son las protagonistas indiscutibles. Para quien quiera mezclarse con el Zaragoza más auténtico.
Espazio Quema — Museo IAACC Pablo Serrano (Paseo María Agustín, 20)
El Espazio Quema no es exactamente una terraza al uso y eso es precisamente lo que lo hace especial. Está en la azotea del Museo IAACC Pablo Serrano y desde ahí arriba se tienen algunas de las mejores panorámicas de la ciudad: el Pilar, el Ebro, los tejados del casco histórico y, en los días despejados, el perfil del Pirineo al fondo.
El espacio es de los que se reservan con tiempo. La azotea climatizada tiene capacidad para unas 40 personas en mesa y en verano se anima con cenas de jueves y viernes con menú degustación a cargo del equipo del restaurante Quema, que acumula un Sol Repsol y el Bib Gourmand de la Guía Michelin. La chef Diana Roitegui trabaja con producto de temporada, técnica cuidada y una cocina que tiene personalidad propia.
Verde y naturaleza: las terrazas con más oxígeno
Para los días en que el asfalto agobia y se necesita algo de verde y sombra, Zaragoza tiene alternativas magníficas.
Terraza El Lago (Parque del Canal Prolongación, Calle Gastón de Bearne, s/n)
La terraza más espectacular de toda Zaragoza en esta categoría, y posiblemente de toda la ciudad. El Lago está ubicado en el Parque del Canal y combina vistas de 360 grados sobre el lago artificial, zona de chillout con sofás, gastronomía de nivel y un ambiente a medio camino entre beach club y chiringuito sofisticado. La carta es seria: arroces melosos con carabineros, paella de marisco, tataki de atún, cachopo asturiano. Hay dos menús —Menú Lago y Menú Señorito— además de carta completa. En julio y agosto es imprescindible reservar con antelación los fines de semana porque se llena de verdad.
Las Ocas (Parque Grande José Antonio Labordeta)
Dentro del Parque Grande, el espacio verde más importante de la ciudad, Las Ocas es mucho más que una terraza: es un espacio polivalente que acoge desde comidas tranquilas hasta presentaciones de libros, conciertos, cine al aire libre y eventos de empresa. La gastronomía tiene buena reputación —las patatas bravas son míticas, las croquetas y el hummus también se mencionan siempre— y la carta incluye costillas a la brasa, ensaladas y opciones muy completas para grupos. Tiene diferentes ambientes que permiten encontrar el rincón adecuado para cada tipo de plan.
El Corazón Verde (Calle de África, junto al Canal Imperial)
Frente al Jardín de Invierno del Parque Grande, el Corazón Verde funciona como bar, sala de música y espacio cultural en uno. Conciertos en directo, mercadillos y tardes de cócteles en un entorno natural que resulta de los más tranquilos de la ciudad. La carta apuesta por cócteles clásicos —mojitos, caipirinhas, piña colada— y complementa con pizzas y paninis para quien quiera algo sólido. Es de esos sitios donde se va a pasar dos horas y se acaban siendo las últimas en marcharse.
Emboca (Paseo de la Noria, 3, Parque del Agua)
En el Parque del Agua, con olivos centenarios que dan sombra y vistas al campo de golf y al río, Emboca es un espacio singular. Música en vivo, sorpresas semanales y atardeceres que están entre los más bonitos que se pueden ver desde una terraza de la ciudad. El entorno natural mitiga el calor del centro urbano y convierte una tarde cualquiera en algo que vale la pena.
Las terrazas de barrio: el Zaragoza de siempre
No todo son azoteas de hotel ni chiringuitos del canal. Zaragoza tiene una cultura de barrio muy arraigada y en sus terrazas más populares se respira la ciudad de verdad.
La Embajada (Plaza Aragón)
En el palacete de principios del siglo XX que preside la Plaza Aragón, La Embajada suma a su emplazamiento privilegiado una propuesta renovada con música en vivo, DJ y ambiente relajado y sofisticado. Pensada como lugar de encuentro social tanto como gastronómico, es una de las opciones más versátiles del centro para el tardeo y la noche de verano.
Si buscas completar el plan con algo más que una copa, consulta nuestra guía de dónde comer las mejores tapas en Zaragoza. Y si quieres seguir disfrutando del aire libre, en nuestra guía de los mejores parques y jardines de Zaragoza tienes todos los espacios verdes de la ciudad para alargar el verano hasta el último día posible.




