Si has pasado estos últimos meses cerca de la plaza de San Miguel, habrás notado el cambio radical en la superficie. Pero lo que de verdad impresiona es lo que ha estado ocurriendo justo debajo de nuestros pies.
Las obras de remodelación no solo han renovado el aspecto exterior de la plaza. También se han convertido en un auténtico viaje en el tiempo que permite reconstruir la historia de Zaragoza desde los primeros años de la colonia romana de Caesar Augusta hasta el siglo XX.
El Ayuntamiento de Zaragoza ha acompañado toda la renovación con un riguroso control arqueológico supervisado por la Unidad de Patrimonio Cultural. Para garantizar la correcta documentación de cada hallazgo, ha sido necesario adaptar los cronogramas de la obra civil en zanjas de abastecimiento, vertido, luz y alcorques, trabajando mano a mano con Patrimonio del Gobierno de Aragón.
Entre los descubrimientos más potentes destaca un tramo de cloaca de grandes dimensiones. Esta infraestructura pertenece al primer programa urbanístico altoimperial de la ciudad, fechado entre la fundación de Caesar Augusta y el último tercio del siglo I d.C., una época de la que también han rescatado abundante cerámica romana.
La huella de la época islámica tampoco se ha quedado atrás. Las excavaciones han sacado a la luz restos de viviendas de la etapa taifal, en pleno siglo XI, resaltando el pavimento de un patio enlosado con baldosas cerámicas junto a materiales de la época.
Avanzando hacia la época medieval, entre los siglos XIII y XV, han aparecido cerámicas y restos vinculados al antiguo cementerio parroquial de San Miguel. Los arqueólogos han localizado más de treinta enterramientos individuales y un volumen notable de restos óseos en el área.
Uno de los puntos clave del recorrido histórico son las antiguas defensas urbanas. Los trabajos han sacado a la luz la cimentación de un tramo de la muralla medieval y moderna que cruzaba la plaza de forma transversal. Este hallazgo confirma que esa zona del recinto amurallado no contó con ninguna puerta defensiva previa al siglo XIX.
Directamente apoyados sobre esa muralla se han hallado los cimientos de la emblemática Puerta del Duque. Esta entrada se construyó en 1856 dentro de la reforma urbana que abrió la plaza hacia el Coso y el río Huerva para conectar con el recién terminado puente de San José.
El rastro de la historia reciente llega hasta 1862 con las estructuras de la antigua fuente que presidió el centro del espacio hasta 1925.
Tras catalogar y proteger cada elemento, la gran mayoría de las estructuras constructivas se han mantenido a salvo bajo el nuevo pavimento de San Miguel. Por su parte, las piezas cerámicas y los restos óseos se encuentran en la sede de los servicios arqueológicos municipales para su limpieza, inventariado y estudio definitivo.




